
Estoy en la calle, por una de las veredas, no se si es la que va o la que viene, de lo que estoy seguro es que la gente me ve.
No se si están al tanto, se lo imaginan o lo toman con naturalidad lo de mi corazonada, un andante a 80 bpm.
Mi cuerpo se mueve. La gente me mira y la miro. Mis pies caminan para llegar a algún lado o simplemente por el hecho de ir. Cada paso hace ruido en la tierra, reproduciendo ese latir interno. La gente que me cruza lo escucha. No estoy seguro, pero creo que existo.
Ni hablar de mis manos, les cuento que muy seguido se chocan con objetos. Cuando me desplazo se apoyan justo a la mitad del paso siguiente y producen ruidos, a veces se chocan entre si, en forma sonora de aplauso, también hacen castañetas.
La mochila que llevo colgada de mis hombros se apoya haciendo un sonido sin cesar en mi espalda, exactamente una semicorchea antes de cada paso, no lo hago a propósito, la culpa la tienen la velocidad y la ley de gravedad.
Y como olvidar de mi respiración que se transforma en habla, en pregunta, en respuesta, que silva que tararea y canta.
La gente en la calle lo oye. Lo oigo de otras personas que caminan y hablan o cantan y también me escucho yo. Y al escucharme me doy cuenta que estoy haciendo música con mi cuerpo, según a la velocidad que camine y la melodía que cante puede ser un carnavalito o samba brasilera, pero estoy en la vía publica y con gente, mi publico, que también hace música con su cuerpo que va y que viene por la calle.
Todos cuando caminamos somos músicos ejecutantes y al cruzarnos con gente hacemos de publico, con lo cual, todos somos involuntariamente o no, ARTISTAS.
Fernando Rossi
No se si están al tanto, se lo imaginan o lo toman con naturalidad lo de mi corazonada, un andante a 80 bpm.
Mi cuerpo se mueve. La gente me mira y la miro. Mis pies caminan para llegar a algún lado o simplemente por el hecho de ir. Cada paso hace ruido en la tierra, reproduciendo ese latir interno. La gente que me cruza lo escucha. No estoy seguro, pero creo que existo.
Ni hablar de mis manos, les cuento que muy seguido se chocan con objetos. Cuando me desplazo se apoyan justo a la mitad del paso siguiente y producen ruidos, a veces se chocan entre si, en forma sonora de aplauso, también hacen castañetas.
La mochila que llevo colgada de mis hombros se apoya haciendo un sonido sin cesar en mi espalda, exactamente una semicorchea antes de cada paso, no lo hago a propósito, la culpa la tienen la velocidad y la ley de gravedad.
Y como olvidar de mi respiración que se transforma en habla, en pregunta, en respuesta, que silva que tararea y canta.
La gente en la calle lo oye. Lo oigo de otras personas que caminan y hablan o cantan y también me escucho yo. Y al escucharme me doy cuenta que estoy haciendo música con mi cuerpo, según a la velocidad que camine y la melodía que cante puede ser un carnavalito o samba brasilera, pero estoy en la vía publica y con gente, mi publico, que también hace música con su cuerpo que va y que viene por la calle.
Todos cuando caminamos somos músicos ejecutantes y al cruzarnos con gente hacemos de publico, con lo cual, todos somos involuntariamente o no, ARTISTAS.
Fernando Rossi
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